lunes 5 de diciembre de 2011

Manzanas - Capítulo 37 - A veces los hombres también lo hacemos



Una de las grandes pegas de tener novia es que salen caras. Porque mientras estás tú solo haces menos cosas e inviertes todo el dinero que no ganas en ti mismo.

El tener una vida social medianamente aceptable sale caro entre cenas, cines, cafés y cañas. Y el tratar de ser caballeroso es una putada para mi cartera. Supongo que por eso las parejas de gente mayor se sienta en los bancos del parque. Porque son gratis (por lo menos de momento… o hasta que lea Rajoy esto y los privatice)

Además con Carolina había algo bueno en los paseos y los parques: que no tenía que beber ni tragar nada.

-Ivo. Me muero de frío podemos entrar en una cafetería.
-¿Frío? Si hace un día buenísimo

Y entonces noté como perdía sensibilidad en mi dedo meñique.
-En serio, y tengo que ir a un baño.

Así que entramos en una cafetería y se empañaron las gafas. No sé vosotros pero a veces entrar en calor es más doloroso que estar en el frío, se te empañan las gafas, notas como bombea la sangre en las orejas, te chorrea la nariz y notas como tus pies empiezan a decir que siguen ahí abajo.
Me senté tras revisar el móvil en la mesa y esperé a que llegara Carolina del baño.

-¿Te puedo preguntar una cosa?
-Odio cuando alguien dice eso porque son normalmente preguntas dolorosas.
-Pero, ¿puedo?
-Sí

A ver que sale de aquí
-¿Has sido infiel alguna vez?

Que puñetera obsesión con la infidelidad. Y dale al temita

-No, nunca.

Creo que no me creyó, y eso que dije la verdad…

Menos aquella vez que…

Bueno esa no cuenta. Todos sabemos que de vacaciones y con ex parejas las infidelidades no cuentan. Nunca te llevas un rollo de verano a tu vida real ni vuelves con una ex.

Carolina siguió contando…


-¿Por qué todo el mundo dice lo mismo? Quiero decir, si nadie al que preguntas ha sido infiel, ¿Cómo es posible que haya tantos cornudos sueltos? Te voy a confesar algo, yo sí que he sido infiel. Es así, al menos soy sincera

Nunca entenderé cómo las mujeres pueden dar vueltas a un tema tantas veces y lo convierten todo en cuestiones de principios, honestidad e integridad.

-Yo también soy sincero, te lo prometo.

Asumido. Tengo que dejar de prometer cosas que son mentira. Y dejar de mentir, pero eso es para más adelante.

-La gente no es clara con su pasado, es algo que odio, la gente barre lo que no le gusta y lo esconde bajo la alfombra. Hay que admitir lo que uno ha hecho para quererse. Es difícil, lo sé, pero es el primer paso.
-Te juro que nunca he sido infiel.

Dejar de jurar cosas que son mentiras también está en esa lista.

-Oye, no me mires así, si te quedas mejor me lo invento.
-¿Serías capaz?

-Fue una vez –comencé- con una chica con la que llevaba 1 mes.
-¿Sólo? hasta seis meses no lo considero infidelidad.
-¿He dicho un mes? quería decir un año y tres meses.
-Así sí.
-Pues estábamos en plena crisis, un poco distanciados, pero juntos al fin y al cabo. Ella me tenía hundido, todo el día. Me negaba la personalidad. Así que un día decidí salir a la calle y entré en un bar, un bar de mala muerte que hay cerca de mi casa, solo quería despejarme, así que pedí un tanque de cafeína. De pronto entró una chica en el bar. Un vendaval de mujer que solo quería comprar tabaco, pero sin saber en qué momento de la conversación perdí mi conciencia y me embrujó para darle mi número de teléfono.
-Que chica más puta. No vale la pena llevarse a alguien así a casa.
-Desde luego que no. Pero por una cosa u otra  terminamos hablando por teléfono, primero como un balón de oxígeno y poco a poco con ironías y demás la cosa se tornó más seria y nos convertimos en una pareja. Al menos en mi cabeza y mi corazón.
-Y como te sentiste
-Pues pese a que las cosas con la novia de verdad no estaban bien, y muchos podrían decir que ya estaban terminadas, no pude evitar sentirme triste e incómodo porque cuando se quiere a alguien de verdad, la silueta de las huellas a veces son tan hondas que no puedes evitar sentir dolor.

Y nos miramos fijamente porque por primera vez en esa conversación había sido sincero. Por supuesto estaba pensando en mi ex Alicia, y aunque llevamos mucho tiempo sin estar juntos, al estar ahora con otra persona siento que la estoy engañando.

-Es tardísimo me termino el café y nos vamos

Y de nuevo volvió a hacer esa cosa vomitiva al tragar.

Cogí el taxi de vuelta a casa y me pasé toda la noche dándole vueltas planteándome mis principios, mi honestidad y mi integridad.
A veces los hombres también lo hacemos.

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