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To be or not to be
Hacedme caso, en el amor no hay nada peor que ver un defecto en la otra persona. Y sé que no voy a encontrar a la persona perfecta, porque hasta yo tengo defectos, pero cuando descubres una manía, un algo en alguien por más que lo intentes, toda tu energía y atención se va a ese detalle.
Decidí trazar mentalmente esa lista de ventajas y desventajas de Carolina, que suele dar la respuesta en tantas y tantas películas de Katherine Heighl:
Ventajas - Es una chica inteligente, guapa, educada y con muchas virtudes entre ellas el sentido del humor.
Inconvenientes – Es una cerda comiendo.
Llamadme antiguo pero en mi imaginación no puede existir un “vivieron felices y comieron perdices mientras los invitados a la corte disfrutaban del espectáculo en la boca de la princesa”.
Eso no es el amor, supongo que tiene que ser algo perfecto y está claro que esa forma de comer no lo es.
Además la memoria es una puñetera, porque hace que recuerdes determinadas cosas de determinadas personas y te olvides de lo malo. El sentimiento que me viene de Alicia, mi ex, es que todo era perfecto, menos cuando me dejó porque no sabía lo que quería, pero eso es historia y su sonrisa sigue latiendo…
¡Maldita memoria, ahora hasta recuerdo lo bien que tragaba y digería los alimentos!
Imaginé por un instante como sería el banquete de bodas con su familia, todo ese sonido gutural al tragar y los manteles blancos llenos de sobras y desperdicios. Aquello no iba hacia ningún sitio, lo mejor era terminar esa historia.
Decidí quedar con ella, para dejarlo antes de que fuese demasiado tarde y volver a mi estado letárgico de quejas y autoflagelación por lo miserable que es la vida. ¿Soy un cobarde? Puede, pero… es mucho más fácil quejarse de las cosas que tratar de hacer algo al respecto. Estoy sonando patético, pero me apetece algo sencillo, y no creo que esté preparado para una verdadera relación.
Miramos un par de tiendas y me preguntó un millón de veces si me encontraba bien pero no podía evitar verla tragar una y otra vez.
-Estoy algo nervioso, eso es todo.
-¿Y eso?
-Cosas mías, soy complicado.
No puedes dejar a alguien en mitad de una tienda llena de gente. Así que sonreí y traté de estar bien. La idea era dejar a Carolina de camino a mi casa.
Quizás penséis que soy demasiado tremendista, pero no podía salir con alguien así, me ponía muy nervioso pensar en ello. Sí así es como iba a ser siempre, acabaría cansándome de ella, o soltando alguna grosería o diciendo que diera unas clases de buenos modales…
Lo hacía por su bien.
Bueno no, era por el mío, pero era lo que sentía.
Carolina quería volver en taxi, pero como mi parada estaba antes no podía terminar la relación y bajarme del taxi en plan “ahí te quedas” y me pondría nervioso con el taxímetro corriendo…
Así que volvimos andando en medio de una niebla y un frío insoportable.
Todo el paseo de vuelta a casa contemplaba la idea de despedirme cuanto antes de ella. Me imaginaba agachándome a atar los cordones y subir calle arriba corriendo, pero ni llevaba cordones ni pensaba ponerme a correr, de hecho a estas alturas de mi vida no sé si sería capaz de hacer algo parecido a correr.
Entonces comencé a andar intencionadamente en dirección a mi casa, total si iba a huir, mejor no tener que andar solo demasiado tiempo.
Entonces me vino una madurez impropia de golpe: Carolina, francamente, era estupenda, una gran chica, un torbellino de sensaciones, una bomba de relojería a punto de estallar.
Ciertamente yo tenía muchos límites, y algunos incluso me podían parecer estúpidos.
Miré alrededor y me di cuenta que estaba llegando a casa y no había sacado el tema, y que pronto iba a ser la hora de despedirme y no quería que la noche se convirtiera en un conjunto de paseos sin sentido.
Había trazado un camino, y lo mejor era comenzar a recorrerlo desde ese mismo instante. Solo quedaba la duda. Tragar o no con el asunto. Tragar, precisamente lo que no sabe hacer ella.
-Esta es mi casa.
-Buen barrio. Me lo he pasado muy bien, una gran cita.
-Yo también me lo he pasado genial.
Como cuando habíamos caminado por la ciudad ella iba agarrada de mi brazo estábamos muy juntos, entonces vi que tímidamente se acercaba para besarme.
Dios mío dime que hacer, manda una señal.
-¿Quieres subir a tomar algo? –Nuestras narices se estaban tocando y nuestros labios se rozaban.
-No soy una chica fácil. No me acuesto con nadie con tan pocas citas.
-En ese caso estoy de suerte, porque podemos fingir haber tenido las suficientes.
Entonces nos besamos y ella decidió subir a casa y pasar la noche conmigo.

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