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¿Fiesta de inauguración?
Era la primera presentación en sociedad de Carolina. Y todos sabéis de sobra los nervios que se pasan cuando tienes que presentar tu pareja a tus amigos. Sobre todo cuando no estás nada seguro de ella. Y cuando tus amigos son mujeres sabes que además le van a destrozar. Seamos sinceros, las tías sois unas víboras entre vosotras.
El local estaba abarrotadísimo y por desgracia la música del bar estaba muy baja, se podía charlar tranquilamente, lo que significaba que se podía oír a todo el mundo que hiciese un ruido raro. Y si hay algo que quería evitar es que se escuchase a Carolina, mi novia, comer o beber.
-Ivo -me dijo Estefanía- Están al fondo. Voy a pedir yo y así hecho un vistazo. Dime qué os llevo
-Dos sex on the beach
-¿Y ella?
Me preguntó Estefanía con sonrisa maliciosa
–Es broma, sería mejor si ella supiese pedir por sí misma.
-Joder contigo, ni el beneficio de la duda…
-Tienes razón, si al final vas a acabar bebiendo de su boca
Dibujé una sonrisa falsa.
-Qué graciosa eres cuando te pones
Estefanía es la única que sabe lo del problema con la comida de Carolina, de hecho me sugirió que tratase de modelar sus costumbres con juegos eróticos allá por San Valentín, y aquello… bueno mejor olvidarlo.
Nos acercamos al rincón donde estaban Blanca, con su nuevo y flamante novio, un tal Christian, y Ricardo al que hacía casi siglos que no veía con su cada vez más asentada novia María. Me contaron que Elena no había venido por no sé qué problemas con su novio, el jodidamente asqueroso Óscar. Algo sobre que cómo se iba a ir de fiesta y dejarle solo.
Maldito capullo.
En fin que por suerte nuestra conversación fluyó sin problemas hasta que Blanca fue a fumar
-Voy contigo
Salimos a la calle con algo de tensión
-Oye, lo siento, sé que no te he llamado y que he estado desconectado del mundo. Lo siento por no devolver las llamadas y haber estado en mi mundo
-Eres un idiota y lo sabes
-Lo sé
Ella sonrió. Menos mal que soy irresistible que sino…
-¿Qué te parece Christian?- me preguntaba Blanca
-Parece majo, y vais a por todas si ya le has traído a Valladolid. ¿A casa de tus padres?
-Sí, hay algo en él que me gusta.
-Te estás enchochando
Blanca se rió.
-Es posible.- me miró con sinceridad- Y tú ¿qué tal con la chica que hace ruido al comer?
-Ya te lo ha contado Estefanía…
-No la culpes.
-Bien, es buena chica, pero no sé, hay algo que no marcha. Seguramente sea cosa mía y de mis manías.
-Ya. No sé. Llámame mañana y me lo cuentas todo. Pero llama de descolgar el teléfono y marcar las teclas…
-Prometido
-Vamos anda, que se van a mosquear si tardamos mucho.
-Eso que ahora tenemos parejas.
Tras comprar mis Marlboro Light nos acercamos al grupo al que se había sumado Estefanía agarrada a un fulano que no conocía. Al parecer se llamaba Aaron, modelo de manos.
¿Eso existe?
Quiero decir, ¡qué presión depender de tus manos para vivir!
¿Comerá pipas?
En mitad de no sé qué conversación sobre política (no falla, a esta la sigue otra sobre Dios y acaba todo con una exaltación de la amistad) Estefanía y Blanca se apartaron y podía adivinar las risas entre ellas. Hice un gesto con los ojos a Blanca como preguntando qué pasaba y me hizo una seña como si nada. Y de repente lo vi.
Justo detrás de Blanca apareció Estefanía con una bandeja en las manos.
Ya entendía de qué se reían.
A pesar de que las conozco como las conozco no pensé que iban a llegar hasta ese punto.
O quizás porque las conozco no quería que llegaran a ese punto.
-Mirad chicos, hemos conseguido canapés
-No, no queremos gracias.
Me antepuse, las muy cabronas querían ver a Carolina comer y descojonarse.
-Ivo, deja que decida.
-No, si es que vamos a ir a cenar ahora
-¿Ah si?
Me preguntó Carolina.
Vale era mentira, pero era por su bien.
-Cielo, coge uno de cangrejo están de muerte
-Estefanía no insistas, ya te ha dicho que no quiere
-Yo no he dicho nada
-Ya, porque te da apuro, pero no pasa nada, hay confianza. Gracias Estefanía.
–Prueba y cuéntame.
Y puso el canapé en su mano.
Tenía que pensar con rapidez.
Estaba quedando como un paranoico y encima la jugada me iba a costar una cena.
Algo con rapidez.
-Vaya, ¿es eso un pelo? seguro que se le ha caído del sobaco a la camarera.
Vale, era eso o fingir que me ahogaba.
-Cállate ya. No tiene nada.
Las muy perras se habían salido con su propósito, bebí un trago de mi cóctel y justo cuando comenzaba a tragar me puse a toser para evitar que la escucharan y desviar un poco su atención.
Tras esto tosí con todas mis ganas.
Había salvado la situación.
Estefanía y Blanca me miraban como queriéndome matar y yo las devolví una sonrisa de victoria.
Había ganado. No se escuchó nada. Sonreí con mi aire de triunfo, algo que suelo hacer demasiado a menudo la verdad, porque… entonces Carolina, con toda la boca llena de canapé interrumpió mi celebración.
-Está buenísimo.
El rojo del canapé salió volando hasta la pared de enfrente.
-Lo ves, te lo dije
Estefanía había visto lo que quería. Se giró sobre sus tacones y se marchó sonriendo.
Y yo me sentí profundamente avergonzado de Carolina. No era su culpa pero había sido tan tonta como para caer en una trampa sin darse cuenta. Decidí salir a la calle.
Y entonces hice una estupidez. De esas que no se deben hacer, ese momento de cabreo y media borrachera. Ese momento de bajón en el que te deberían de quitar el teléfono de las manos porque…
Porque llamé a Alicia. Mi exnovia y el amor de vida

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