Del amor al odio no hay ni un paso
La historia del cine está plagada de ejemplos de ejemplos de películas que se hacen y confeccionan con propósitos más allá de los estrictamente cinematográficos, películas que se hacen con el propósito del lucimiento de un actor o una actriz o que tratan de continuar la estela de éxito de una cinta que despunta en un momento concreto y que beben de seguir dando al público lo que en ese momento parecen querer ver.
La historia del cine está plagada de ejemplos de ejemplos de películas que se hacen y confeccionan con propósitos más allá de los estrictamente cinematográficos, películas que se hacen con el propósito del lucimiento de un actor o una actriz o que tratan de continuar la estela de éxito de una cinta que despunta en un momento concreto y que beben de seguir dando al público lo que en ese momento parecen querer ver.
Conocer la intrahistoria de Duelo al Sol (Duel in the sun, 1946) es saber que se trata del empeño de un productor David O. Selznick que firma el guión adaptando una novela de éxito de Niven Busch que tiene muchos puntos en común con el enorme éxito de la época “Lo que el viento se llevó” que el propio productor llevo a la cima del estrellato mundial. Ahora prepara un gran vehículo similar al servicio y beneficio de su novia por entonces: Jennifer Jones.
Éstos datos aportan y situan la obra en el mapa y el por qué la cinta tuvo tanta repercusión en su año y al final no ha soportado el peso del recuerdo como muchas cintas coetáneas, muchas de ellas de incluso menor calidad y entretenimiento que este “Duelo al Sol”.
Porque la cinta cuenta una historia potente, la historia de una mujer de bandera, fuerte, con carácter y luchadora, la de Perla, una mestiza que ve cómo su padre mata a su madre y al amante de éste en un ataque de celos y es enviado a la horca por ello.
Es entonces cuando la protagonista es enviada junto al amor de la juventud de su padre que ahora se halla casada con el senador y vive en una hacienda texana llamada “Pequeña España”.
Allí tendrá que vivir bajo el rechazo del senador y su estricta y racista mirada (“la culpa es de esa india”) y sobre todo de los dos hijos de la pareja. Por un lado un galante noble, educado y considerado interpretado notablemente por Joseph Cotten y otro impulsivo, chulesco y canalla interpretado con maestría, encanto, química y fascinación por Gregory Peck.
Pronto ambos caerán enamorados por la protagonista y rivalizarán por su amor.
Ése es el melodrama protagonista de la cinta, que pese a que el envoltorio es el de un western, el corazón es el de un melodrama con ecos de tragedia griega relleno de conflictos sentimentales y protagonista y eje femenino. Ya dije que la estela de “Lo que el viento se llevó” es la que impulsó a confeccionar ésta cinta.