viernes, 13 de noviembre de 2015

El por qué me enferma tanta caridad navideña



Ya llega la nochebuena panderetas y zambombas y las ONG y sociedades “pro-benéficas” llenan los sueprmercados, calles, televisiones y anuncios tratando de pedir dinero para que todos limpiemos la conciencia de malgastar cientos de euros (o libras en mi caso) en regalos navideños y fantásticas superficialidades varias.

Y yo digo: ya basta. Me saturan, me hartan y me cansan. Antes de que alguien acuse mi discurso de egoísta, yo colaboro con organizaciones benéficas y he acudido a desastres naturales a ayudar. Pero no me gusta que ningún famoso que gana en una hora lo que hago yo en todo un año se aparezca en mi pantalla mirando a cámara, con el maquillaje justo y con cara seria y triste en tonos casi sepia pidiéndome que por favor ayude a una familia en penurias con fotos de bebés muriéndose o cosas parecidas, cuando ellos ayudarían.

Lo siento. No. No necesito que nadie me diga lo que debo a hacer, no soporto a ninguno de esos amigos que tratan de inundarme el muro de mi Facebook de fotos sobre solidaridad y niños negros pasando hambre y demás cosas deprimentes mientras esas mismas personas ven al vagabundo de debajo de su puente y apartan la pierna por si se les pega alguna enfermedad venérea.

Lo siento. No. No te voy a "esponsorizar" tu carrera a bicicleta por África o tu salto en paracaídas patrocinado por JustGiving o tus vacaciones en el Kilimanjaro bajo el pretexto de “ayudar”.

Lo siento. No. Una cosa es mantener en primera página la oportunidad de ayudar si puedes, el no ocultar algo que puede hacer bien a mucha gente. Otra cosa es exigir. En uno de mis trabajos me obligaron a hacer una compra de bombones o galletas o cosas así para una cesta navideña que iban a sortear para entregar a una organización benéfica lo recaudado. En otro trabajo te retiraban de la nómina una donación voluntaria “simbólica” para caridad. “Simbólica”, claro para los jefes millonarios, para los que sudamos 6 euros por hora de “simbólica” no tiene nada. Se pensaban que me iba a dar vergüenza pedir que yo haría la donación. Bueno, no conocieron a Ivo.

Lo siento. No. Estoy harto de telemaratones con historias plagadas de desgracias para llorar en televisiones, públicas o privadas, que hacen millones y millones emitiendo en horario de máxima audiencia esas miserias mientras hacen sentir terriblemente mal a pensionistas que se sienten solos.

Y en esa estoy viendo “Children In need” con la sangre en el punto correcto de ebullición. Una historia tras otra de niños con enfermedades y familias necesitadas vendiéndose al espectáculo de un programa por el que hacer sentir culpable a todos en lugar de poner la problemática en primera página y ayudar. No, todo confeccionado para dar lástima. Vergüenza ajena me da estos teatrillos dramáticos cargados de autocompasión fingida de niños con deficiencia hablando como pueden ante millones con el único propósito de dar la mayor lástima posible.

Lo siento. No. Ya BASTA de utilizar el dar pena para conseguir algo. Inspírame con tu historia, emocióname positivamente, dame alegría y sonrisas para ayudar a hacer de “esto” un lugar mejor. Pero no utilices desgracias ajenas para conmover mi bolsillo.
Lo siento. No.

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