martes, 11 de junio de 2013

Crítica de TV - El Número Uno 2 (3/10)

El desastre se veía venir




A toda velocidad y sin tiempo de verdaderamente preparar nada nuevo Antena 3 se ha lanzado a una nueva edición de su reality musical que si bien no fue un fracaso en su primera edición, se quedó lejos de ser un gran éxito.

Comenté la primera edición de manera absoluta y pese a sus múltiples defectos me pareció satisfactoria por dos motivos:
Primero por esa distancia que querían marcar primero haciendo un programa más familiar y más cercano a “tu cara me suena” que a “Operación Triunfo” y segundo acertaron con el casting cogiendo personalidades y voces muy diferentes y reconocibles. Mejores o peores pero Roko, Jadel, Garson y la niña de mis ojos Laia Vehi fueron cuatro caracteres diferenciadores del resto además de la niña, el abuelo, la pesada gritona de Meritxell, la cantante de ópera... Consiguieron crear estereotipos reconocibles y eso con la cantidad de talent shows existentes es verdaderamente reconocible y hace que la gente hable de ello.

Aún así la primera edición adoleció de algo muy grave: la falta de organización tanto en cada programa como en la mecánica en sí (un día nominaron hasta cuatro viejos de un asilo. Verídico) haciendo que a veces pareciese más aquello una pachanga que un verdadero concurso musical.

Nadie daba un duro por una segunda edición, pero en Antena 3 tenían un hueco libre y dijeron:

“¡Escucha! No hemos desmontado el plató del programa ese de cantantes”

Y así nació a toda velocidad una edición en la que no parecen tener demasiada confianza.



Tras dos galas emitidas esa es la principal sensación que emana al ver el programa. Que a todo el mundo se la pela esto. Es un relleno temporal en el que si salta la liebre eso que se llevan, pero creo que va a ser casi imposible que nadie recuerde el nombre de los nueve que quedan.

En primer lugar el casting ha sido un error. Y no es que los que estén no canten bien, que los hay, es que no son material televisivo. A estas alturas no nos engañemos ha que saber diferenciar muchas cosas, hay gente que sirve para estos programas aunque luego en la industria no sirvan para absolutamente nada y viceversa. Se me ocurre el ejemplo de Rosa de España (brillante como personaje televisivo, es adorable y sabe llevarse al público) y en el polo opuesto únicamente hay que ver One Direction que no terminaba de cuajar en X Factor y luego ha sido y es el mayor éxito mundial de un programa similar.

Este año tienen obsesión por las tragedias personales en “El Número uno 2”, el numerito que le marcaron a la cubana sobre su familia, el que le dieron a otra con su abuela muerta, el de todos los que se fueron de casa... ¡Aquello parecía El diario de Patricia versión karaoke!

Después está el jurado en sí y la poca armonía que transmiten lejos del buen rollismo del pasado año. Mónica Naranjo sabe lo que se hace (aunque achaque actuaciones mierdosas a hablar por teléfono), Pastora Soler es una Diosa del escenario pero se está quedando muy a medio gas de jurado y parece que siempre pide aprobación en cada frase, como si no se atreviese a decir lo que piensa y lo llena todo de “¿sabes lo que te digo?” o “bueno, no sé que pensáis, pero yo creo que si os parece...”, Bustamante puede funcionar pero no encuentra nadie que le siga el juego y se queda ahí en plan “pobrecito el chico que quiere hacer gracia” y respecto a Pitingo, bueno, él está ahí por el cobre.
En serio no comprendo qué hace Pitingo ahí, yo pensé que destrozar grandes canciones te podría llevar a la cárcel y no de experto musical. Ponerle ahí quita mucho de credibilidad al programa.

Respecto a los concursantes, hacer lo hacen bien aunque sin estridencias. La chica que quedó primera cantó verdaderamente bien pero ya, me da pereza este año hasta meterme con Gio. Y eso que en otras ocasiones... ya me conocéis. Seamos serios. Lo único bueno es que dijo que tenía un billete para Manchester y prefirió quedarse allí por el programa. Gracias a Dios, habría sido horrible cruzármele por mi ciudad.

Por lo demás lo de siempre, fallos comprensibles de realización, guión, sonido y el gustazo absoluto de ver a Noemí Galera vendiendo Pizza en una interpretación lineal, carente de emoción y con una convicción sospechosa. 

En resumen, este nuevo número uno no va a ningún sitio que no sea perder audiencia a pasos forzados y carece de ingredientes suficientes para hacer la salsa sabrosa. Galas interminables, poca chica y a menos que empiecen a darle agilidad acabará antes de tiempo. Y lo peor es que ni siquiera es lo suficientemente cutre como para verlo como placer culpable. Veremos en qué queda.

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