lunes, 9 de noviembre de 2009

Pura Magia y sutileza. Adam es solo para paladares exquisitos


Algunas veces los planetas se alinean y te dan justo lo que en ese momento tu vida más necesita.
Un príncipe y un astronauta se conocen en mitad de una mágica historia de amor y me hacen recordar los mejores momentos que he vivido.

Adam, simplemente me ha enamorado.
He encontrado lo que buscaba. Así que esta crítica no va a ser objetiva. Ni pienso.

Dos personas que están solas, una más que otra. Adam es un joven que sufre un trastorno psicológico, el síndrome de Asperger, a causa del cual le resulta imposible saber y seleccionar el momento de decir las cosas (digo lo que pienso porque lo tengo que decir), son más cosas, es un concepto de autismo que le lleva a obsesionarse por una cosa: astronomía. Es entonces cuando conoce a Beth, una joven escritora de libros infantiles que se siente sola y que encuentra en Adam un alma con el que compartir su vida y que donde otros solo ven rarezas ella ve un mundo interior apasionante.

Lo mejor es la magia, la delicadeza con la que está contada la historia aderezada con una música deliciosa de pop avanillado. Ni que decir de dos interpretaciones repletas de sutilezas y encanto, grande, inmenso Hugh Dancy en un retrato de una persona con minusvalía psíquica sin un simple tic de más (que aprendan muchos grandes) e increíble Rose Byrne que nos deleita con convicción de todos los estados por los que pasa su personaje. Ni en la grandiosa Damages está tan excelente.

Que puedo decir, he recordado esa primera vez que vi Lost In translation. Adam ha desatado un nudo que tenía muy dentro y, aunque estoy siendo absolutamente parcial y perdonando todo error por un simple y mero hecho de ejercicio de identificación, no me importa. Adam tiene alma, tiene sutileza, tiene capas de lectura, tiene personajes que revivirán mucho más allá de los títulos de crédito. Es irónica, es tierna, es romántica, es punzante, es dramática, es cómica, te hace reír, te hace llorar, te enternece y te hace salir de la sala con una sonrisa y un beso escondido.

Una película sobre lo complicado (y sencillo) que es el amor, el darlo todo por alguien y el no ser capaz de decir Te Quiero aunque en lo más profundo de tu ser ese sea tu sentimiento. Una película de necesitar un alma para ayudarte a salir al exterior, de macarrones congelados, de planetarios en el salón, de comadrejas en Central Park, de paseos con gorro y bufanda.

Una película de personajes.
Una película de la enfermedad.
Una película de la vida y de seres humanos ante todo.

Ya he encontrado mi obra maestra, el resto me da igual. Siempre volveré a esas escaleras junto a Adam y Beth, porque aunque no somos de aquí… aquí estamos. No se la pierdan.

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