lunes, 6 de junio de 2011

CRÍTICA DE CINE - Midnight in Paris ***1/2

Todo suena más sexy en francés



Lo mejor: Sus guiños notálgicos e inspiradores. Lo bonita que resulta la postal

Lo peor: tener siempre esa sensación de que la historia daba para algo más

Woody Allen es como el turrón, que cada año vuelve a casa con una película. Muchos se quejan de que sea tan prolífico porque no ahonda en historias que en principio tienen su gracia y terminan perdiéndose en meros ejercicios automáticos. A mi me encanta que Woody nos traiga películas anuales que siempre están por encima de la media de la cartelera y que de vez en cuando nos presente un Match Point.

También es cierto que el Allen de la última década está pelín sobrevalorado y que sus películas, pese a partir de ideas fascinantes y geniales se acaban diluyendo un poco en la nada. Para mí el caso más sangrante fue su anterior cinta “Conocerás al hombre de tus sueños” que me resultó un quiero y no puedo no demasiado bien ejecutado.

Midnight en Paris parte de una idea genial: un matrimonio va de vacaciones a Paris y él descubre que la ciudad tiene algo mágico de creatividad, de bohemia, de inspiradora mientras que su matrimonio y vida se ha vuelto burguesa y complaciente con su prometida y la familia de ésta.

Entonces mágicamente descubre como a partir de medianoche puede viajar a su época favorita “los años 20”. Es entonces cuando empezará a debatirse entre la realidad, la nostalgia y conocerá en su “fantasía” años 20 a otra mujer que a su vez se siente fascinada por la Belle Epoque.

Como ven tenemos una idea sugerente, la nostalgia como refugio de un pasado mejor y ese aire mágico retratado en la ciudad de las luces un lugar creativo, inspirador, elegante cómo el corazón de la cultura mundial.

En este caso Allen explota la ciudad como él sólo sabe y ya ha experimentado en cintas que se adscriben tan sumamente bien a los lugares como Manhatta, Match Point o Vicky Cristina Barcelona. Paris está radiante, seductor, romántico y luce de maravilla tras la cámara de Allen.



Allen utiliza al protagonista interpretado por Owen Wilson como su alter ego, es decir el personaje principal que siempre abunda en el universo Allen y pone a Rachel McAdams como su partenaire femenina. Cumplidores, eficaces, nula química (¿pretendida?) y poca inspiración por parte de ninguno de los actores, aunque los personajes en ocasiones están desdibujados y las situaciones no terminan por estar perfectamente acabadas (el lío de los pendientes daba para mucho más). En los años 20 tenemos a la siempre soberbia Marion Cotillard que vuelve a deslumbrar una vez más en carisma, elegancia y simpatía.

Respecto a los cameos y apariciones breves destaca la famosa de Carla Bruni-Sarkozy que entre el doblaje patético gabacho y su forma de no transmitir nada y de mirar al equipo de rodaje en plan ¿ha sido válida la toma? Consigue sacarme por completo de la cinta y me hace pensar en quién es Woody Allen ahora… El otro cameo sorprendente es el de Adrien Brody, histriónico hasta el exceso en una cómica recreación breve pero llena de carisma.

Pero centrándonos en lo importante ¡merece Midnight in Paris tantos elogios como está recibiendo? Bajo mi punto de vista no. Y no es que la cinta sea mala, es que no tiene nada que le haga destacar en exceso sobre otras cintas de este director. La película me parece notable pero encumbrarla como obra maestra me parece excesivo desde cualquier punto de vista, y creo que supone más una celebración de que Allen vuelva a sus historias típicas que una verdadera película ejemplar como sí que lo fue Match Point.

En resumen, Midnight in Paris es una cinta agradable, simpática e inofensiva. Una bonita postal de la ciudad de las luces y el amor con un homenaje al arte y a la nostaliga, a que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Midnighrt in Paris no es el mejor Allen ni el más divertido pero sí que es entretenido y luminoso., tiene una gran banda sonora y resulta un viaje muy placentero.

Mi nota: 7/10

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