lunes, 1 de noviembre de 2010

MADRES E HIJAS (2010) - ****

El vínculo invisible


Rodrigo García siempre me ha parecido un artesano, un creador de historias, un observador de mujeres y un excelente narrador de poesía con imágenes.
Rodrigo García es al cine lo que su padre (Gabriel García Márquez) a la literatura.
Pero en eso hay un gran problema, el cine entendido como poesía es infinitamente minoritario y requiere de mucho más dinero que una novela.

Por eso las dos primeras películas del director fueron pequeñas joyas pero casi ni vistas, la maravillosa “Cosas que diría con solo mirarla” y “Nueve vidas” que mostraban el universo femenino a través de historias muy pequeñas. No me atrevería a decir que eran historias cruzadas, porque pese a que se cruzaran en algún punto, cada historia era independiente.
Después llego la puerta más comercial con ese Passengers que resultó ser un fiasco brutal tanto a nivel artístico como de industria.

En “Madres e hijas” ha conseguido encontrar el equilibrio entre las dos vertientes de su carrera: Mantiene la fragilidad y la sofisticación de sus dos primeras obras y también se adecua un poco más a los parámetros comerciales (aún dentro de su independencia).



De esta manera podríamos afirmar que Madres e hijas es la obra cumbre de la carrera de su director al combinar todas las facetas de su trayectoria cinematográfica (la televisiva es otra historia). Sin embargo, a pesar de la solvencia del conjunto le falta esa chispa de nervio y originalidad que sí que había en sus dos primeras cintas.

Madres e hijas es un compendio de historias cruzadas (ahora así), un buque generacional sobre el vínculo materno, sobre esa relación casi sagrada y lo que sienten las mujeres al albergar otra vida dentro. La película mantiene intacta su sensibilidad y se desarrolla de una manera más convencional, pero sin perder del todo el toque de autoría. Lo bueno de Rodrigo García es que no es un Iñarritu cualquiera y sí que sabe imprimir amor por lo que hace sin necesidad de trucos ni efectos. Madres e hijas es capaz de transportarte durante dos horas sin odiar a sus personajes ni sus circunstancias, sino aceptándolas y sintiendo ternura y amor.

La cinta narra de manera paralela la historia de tres mujeres.
La primera, una brillante Bening, cuida con paciencia y silencio a su madre mientras añora a su propia hija que entregó en adopción. La segunda, una Naomi Watts que vuelve a su mejor registro, es una abogada exitosa que trata de mantener su vida privada con la mayor frialdad aséptica tratando de no tener ninguna relación y tomándose las mismas como un juego de poder. La tercera es una joven afroamericana que no puede tener hijos y está decidida a adoptar.

Como he dicho todas las historias tienen su porqué en las vidas de las otras y con mucha paciencia y tino va desarrollando las historias y los conflictos de estas mujeres. Y un tema muy latente, ¿importa más la sangre o el tiempo que se pasan juntos?

En esta vertiente más comercial de la que hablaba, Rodrigo García huye de la frialdad con la que abordaba a los personajes de sus primeras películas y los trata con más ternura, con más sentimentalismo, con más matices y sobre todo con más personajes secundarios que son los que van a hacer evolucionar a los principales. Aparte de introducir el montaje paralelo de las historias, cosa que en sus primeras películas no existía.

Pero es el compedio del guión el que da consistencia a una cinta en la que nada está forzado e incluso las situaciones más inverosímiles (sobre todo por el carácter del personaje de Bening) son aceptadas con transparencia y credibilidad, y trazadas con mucho tino y claridad.

Aunque, sobre todo, lo que da a esta cinta ese aroma a qualité es sin lugar a dudas la sobriedad de la dirección, el tiempo que se dedica a crear la atmósfera que va a reinar en la cinta de paz, sutilezas y sin estridencias y la dirección de actores (actrices en este caso).

Lo primero lo logra con una partitura muy tierna y paciente y la amplia gama de silencios y primeros planos acompañados de un montaje y un ritmo más bien lento (lo que pide la película). Otorgan a todo un conjunto de elegancia, de suavidad.

Lo segundo es mediante la contención tan abrumadora que ejercen las protagonistas que dotan a su interpretación de pequeños matices y miradas. De esta encrucijada sale más que triunfadora Anette Bening una actriz que se merece desde ya un Oscar.

En resumen, Madres e hijas es una historia delicada, mimada y bien desarrollada, con una envoltura y una estética muy cuidada y con un mensaje que en ningún momento trata de imponerse sobre la brillantez y la calidad de lo expuesto. Un conjunto muy notable.

Valoración: 8/10

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